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He pasado el último mes viviendo a principios del siglo XX gracias a la descripción que hace Stefan Zweig de la Europa de ese tiempo. A pesar de que siempre he intuido que mi cultura tiene una nacionalidad más amplia que la española, yo creía que Europa era un invento de Miterrand y Francia en general como forma de domesticar a Alemania tras las dos guerras mundiales. Zweig me ha enseñado que la conciencia europea es algo más antiguo y poderoso de lo que sospechaba.

A pesar de que en su tiempo fue uno de los escritores más populares del mundo, yo no lo conocía. Tras descubrirlo, he investigado y descubierto que fue un excelente testigo de las situaciones que condujeron a nuestro continente a las guerras mundiales. Por cierto que en los dos casos Zweig parece apuntar a intereses de poderes fácticos en la sombra que no necesariamente representaban la opinión del pueblo, pero que supieron coaccionarlo. La coyuntura anterior a la Primera Guerra Mundial también era una de mis carencias en materia de historia que este libro me ha ayudado a paliar más que ningún otro hasta ahora.

El relato es una autobiografía que escribió en el exilio. Era judío austriaco y naturalmente tuvo que abandonar su país y le convirtieron en apátrida (le retiraron la nacionalidad en su país y prohibieron todas sus obras) hasta que en 1942 no pudo soportar la crueldad de su tiempo y poco después de escribir el libro se suicidó a los 60 años junto a su esposa.

Zweig fue un intelectual con mayúsculas, cuyas obras y esfuerzo humanista seguramente nos influyen hoy en día. Su nombre tengo la impresión de que ha quedado un poco olvidado por cómo se desenvolvieron los últimos años de su vida. Por mi parte voy a tratar de acercarme al resto de su obra. Como ejemplo, Wes Anderson reconoció que su película El Gran Hotel Budapest se inspira en las obras de Stefan Zweig.